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Poiesis

     

 

Indah
 



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 Barcos de papel
 

 

 

Mis pensamientos han declarado la guerra a las palabras. Éstas, como rebaños trashumantes en busca de pastos de papel, recorren un territorio que se niega a declararse vencido, a ser su prisionero, a dejarse escribir, en definitiva: a levantar bandera blanca. En espera de una tregua, dejo que mis ojos recorran espacios de un mundo aún no nacido; adopto la posición del silencio, de la neutralidad, no quiero mezclarme en sus batallas y, sin ningún remordimiento, los abandono a su suerte de náufragos.

 

Pensamientos náufragos en busca de un barco de papel. Porque no seré yo, por más que ellos lo intenten, por más que me acusen y señalen como la eterna princesa prometida, la que espera bordando ausencias en poemas que jamás llegan (llegarán, seguro, cuando me olvides), su juez ni su verdugo. Yo sé que ahí, en ese punto, está la diferencia: mis versos serán auténticos, serán míos, serán tuyos, cuando alguna de las partes recupere la cordura. Mientras tanto con los dedos cuento los segundos.

 

 

 

PODER VOLAR

 

"También tú puedes volar", me susurran las minúsculas motas de polvo, visibles únicamente cuando las ilumina un rayo de sol. "También tú; también tú puedes" —repiten— mientras bajan y suben, ingrávidas, flotando en un río vertical de agua transparente y mágica, que las transforma por un instante en una cascada de ralladura de limón. La luz se traslada jugando entre ellas con disimulo, hasta rozarme suavemente. Es ella sí, es ella quien da forma a todas las cosas, también a mí. Siento su contacto y la tenue nube de polvo girando a mi alrededor, posándose en mi cuerpo. Pero, ¿cómo puedo liberarme de estos grilletes que utiliza la tierra para atarme tan firmemente?

 

Abro las manos repletas de los pequeños pedazos del papel en el que trascribía estos pensamientos. Estoy sembrando el aire de palabras; nievan, lentamente, mis pensamientos sobre la calle.

 

 ¡Vuelo! Puedo volar.
 

 

 

 

NOTACIÓN HÚNGARA

 

HoySoyCapazDeLeerDeCorridoUnLibroDeMilPáginasEnNotación
Húngara

 

Pienso que, intrínseca, íntimamente unida al aprendizaje, como si solamente se vendiera el conjunto, va la regla de oro de este juego que es la vida: Vida, manual de usuario, regla I: después.

 

Porque es después de un tiempo jugando con los fonemas, cuando se termina el primer maratón: ya sé leer. Después domino los palotes; después, poco a poco, mis dedos aprenden a sujetar correctamente el lápiz, y a dibujar las esquinas romas de las letras y los números. Después: la abstracción; y sabes que, tras un recorrido más o menos largo, y si la mano no retrocede, el punto terminará en el lugar exacto en el que comenzó: la circunferencia abraza y contiene su propia área, el círculo. Después aprendes que hay una fórmula capaz de calcularla y también que hay otras más complejas, y figuras geométricas, quizá, menos simples. Pero todo eso, generalmente, llega después.

 

Y después, cuando ya no se precisa de aquel enorme esfuerzo que requerían los primeros ensayos, y lo aprendido resulta fácil, sencillo, todos estos procesos se vuelven mecánicos. Todos, menos la emoción que parece caminar de la mano de la incertidumbre: el después. Por ello, en los ratos que probablemente sin motivo llamamos perdidos, me pregunto si tenía razón, si sigo pensando que sobra algo de lo que he aprendido en este juego, como me decía, enfurruñada, mientras me esforzaba en adquirir la pericia suficiente para alcanzar esa simplicidad.

 

Hoy sé que de todo lo que he aprendido, sea esto mucho o poco, sólo hay algo que, sin duda, me sobra: MeSobranEstáClaroLosEspacios.

 





 

 

 

 

 

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